5 situaciones de VERGÜENZA PROPIA

Estamos en 1993. ES FIN DE AÑO. Cae una lluvia glacial en la calle. Tengo quince años y voy a LA FIESTA donde está el chico que me gusta.

¡Qué digo me gusta! No duermo, no como, no estudio desde hace seis meses.

Semanas de investigación para saber a qué fiesta iban ellos y poder comprar las entradas a tiempo. Los quince sin Internet eran años duros…

Entramos. Yo y mis cinco amiguitas.

Para bajar al antro de turno hay una escalera de veintidós peldaños que se ve desde la pista de baile. Sonrío. Hago un saludo tipo Letizia Ortiz, con mano ondulante y la misma cara de prepotencia. De repente, me resbalo…

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PUTA LLUVIA. ¡PUTA VIDA!

Caigo. Poco a poco.

Mi vestido se va llenando de barro a la par que mi dignidad.

Llego abajo. ¡Al fin!

Intento levantarme cual gimnasta olímpica de un traspiés. Pero justo ahí, frente a mí, está el chico que me gusta. Él y todos sus amigos- y en general todos los asistentes a la fiesta- se están riendo de mí. Lo normal, vamos.

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QUIERO MORIR. ¡Llévame pronto, Dios, te lo ruego!

 

Esta anécdota está en mi TOP 5 de situaciones bochornosas, pero a diario vivo momentos de verdadera VERGÜENZA AJENA. Aunque como la protagonista soy yo, pues eso, VERGÜENZA PROPIA.

Ya me contaréis si os ha pasado…

 

SITUACIÓN UNO


Saludar a alguien, mano al viento, brazo articulado y todo, incluso con un «hola» bien agudo de B.S.O. y… QUE TE IGNORE.

Es un poco la versión no virtual de dejarte en visto en Whats app.

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Que conste, que a veces la persona en cuestión no se ha ni dado cuenta. O has empezado el saludo en el microsegundo que se estaba dando la vuelta. Aún así, el resto te ha visto y has quedado como una verdadera panoli. Sí, la expresión es viejuna, como yo.

 

SITUACIÓN DOS


En la misma línea de la anterior, SALUDAR en respuesta a alguien QUE NO TE ESTÁ SALUDANDO A TI, SINO A ALGUIEN QUE ESTÁ DETRÁS.

Como ves, yo soy muy de saludar.

No sé cuál de las dos situaciones es peor. En ésta al menos puedes hacerte un poco más la loca y pirarte como si no te hubieras dado cuenta.

Silbando, a ser posible,  que casi no es humillante…

 

SITUACIÓN TRES


En la calle- «POR FAVOR, SEÑORITA, DEME ALGO, POR CARIDAD. TENGO CUATRO HIJOS QUE ALIMENTAR…»

YO- «No, gracias».

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Cómo que «gracias»? Gracias a qué?

Sí. Lo sé. A ver si pienso antes de hablar.

 

SITUACIÓN CUATRO


Parecida a la anterior.

Taquilla del cine- «SUS ENTRADAS. QUE DISFRUTEN»

YO- «IGUALMENTE»

Pero, a ver, mujer. Que está en su taquillita de dos por dos, repartiendo entradas con cara de ajo. No se va a meter a ver la peli contigo, ni está cogiendo en este instante sus maletas para ir a Cancún. No va a disfrutar, no.

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Soy una especie de DISLÉXICA DE LA EDUCACIÓN.

 

SITUACIÓN CINCO


Hay días que no hablo ni con un árbol. Nada. Interacción cero.

Y luego hay días que socializo que no veas.

Tomo un café con una amiga, una charlita con colegas del trabajo, hablo con un padre/madre del cole de mis niños, voy al médico y hasta tonteo con mi entrenador cañón.

En esos días- los segundos- las probabilidades de que se TE HAYA QUEDADO UNA LECHUGA EN EL COLMILLO se multiplican por tres mil. Y me quedo corta.

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En esos días, tener una amiga sincera, te salva la vida. Gracias Pato.

 

Y vosotras? Me contáis vuestras situaciones de vergüenza propia?

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