¿Seré bisexual?

El otro día estaba copeteando en un bar con dos amigas, casadísimas como yo, cuando sucedió lo siguiente (y de ahí mis dudas existenciosexuales):

A nuestra derecha había un grupito de cuatro tíos que estaban tremendos, todos con esa barbita que tanto se lleva ahora. La barba es como el maquillaje de los hombres, cualquiera parece potable con una. Pero de eso ya hablaremos en otro post.

Ellos nos miraban tasando la mercancía y valorando sus posibilidades,  y nosotras les lanzábamos alguna miradilla furtiva con risitas a juego. Se me tranquilizan los censores ¡eh! Que ver el menú no significa comer.

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El caso es que de pronto llegan dos chicas muy atractivas y se sientan a nuestra izquierda.

Les hacemos, of course, un escáner de arriba a abajo sólo reservado a la competencia más feroz.

Una de ellas llevaba un perfecto de cuero negro y melenita al hombro, con ese rollo desaliñado pero más currado que un origami. ¡Y qué ojos! Cada vez que subía la mirada, dos iris de un azul islas griegas iluminaban todo el bar.

Su amiga, hacía bailar sin tregua un pelo largo y ondulado, cruzando y descruzando unas piernas infinitas. Tenía uno de esos físicos angulosos, lleno de vértices, y una cara sin excesos, ni boca generosa ni ojos grandes que compitieran por el protagonismo, pero sus facciones eran poesía pura.

Eran francesas.

Si hay unas mujeres en el mundo que me ponen, esas son las francesas. Tienen ese je ne sais quoi… Parece que se han vestido con lo primero que han pillado, un remanguillé en la chaqueta, labios rojos y a recorrer Le Marais con su boquita de piñón. No sé si me gustan o quiero ser ellas.

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(Leo Toulin, una francesa que me apasiona…)

Sea como fuere, las tres estábamos hipnotizadas. No podíamos dejar de mirarlas. Los maromos de al lado se habían vuelto por completo irrelevantes. Es muy probable que las francesas nos eclipsaran a nosotras también.

Estábamos comentando lo sexy que nos parecían y debatiendo cuál estaba más buena, cuando no sé cómo ni por qué, nos transformamos en tres tíos en celo y empezaron a llover los comentarios sexuales:

-Ya, pero la de los ojazos tiene ese aire de misteriosa con pinta de guarrilla en la cama. La otra, mucho postureo pero seguro que luego es un poco frígida, en plan hazlo tú todo, vamos.

No sé. A mí la del pelo largo me gusta más. Tiene cuerpazo y emana sexo por todos los poros…

Diciendo estas tonterías por lo bajini nos encontrábamos, cuando una de ellas, con un español limitado y gutural, nos pregunta dónde están los baños. Y, sin venir a cuento, las tres nos ruborizamos como si nos estuviera hablando el Paul Newman de la foto en persona. Nos dio mucho que pensar y otro tanto que hablar.

Y hasta aquí puedo leer.

Básicamente porque no pasó nada más. ¿Y para qué nos lo cuentas? Estaréis pensando…

Porque empecé a vislumbrar que esta anécdota no es un hecho puntual, es un fenómeno de masas.

Sé que algunas no me lo vais a reconocer, pero cuando estamos en un bar, fiesta, restaurante o idem de idem las mujeres nos miramos mucho más entre nosotras que a los hombres. Qué cuerpo tiene, qué lleva, cómo le queda…

-Sí, es muy guapa, pero tiene una pinta de sosa…

-Le hacen un culo increíble esos vaqueros pero se nota que se lo tiene muy creído. 

No sé si nos atraen las mujeres, nos comparamos unas con otras o somos unas malignas nivel anticristo.

Veamos…

¿Por qué nos compramos revistas plagadas de fotos de otras mujeres, muchas veces semidesnudas o en pose provocativa?  ¿Por qué seguimos a celebrities o instagramers que sólo cuelgan pics en bikini bebiendo de un coco? ¿O con sujetadores encajosos, taza en mano y la mirada perdida en los tejados de París?

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(Collage Vintage)

Puede que sea porque el cuerpo femenino es bello. O por esa eterna manía nuestra de aspirar a un físico de modelo claramente retocado por photoshop. Echémosle la culpa a esta sociedad superficial y al culto del «perfect body».

¿Pero no seremos casi todas las hetero también un poquito BI?

Creo que era Madonna quien defendía que por qué iba a perderse al 50% de la población: «Yo amo a las personas, independientemente de su sexo». No sé yo. Claramente aún no estoy tan evolucionada.

Para colmo de males, a los dos días del episodio bar-lésbico-francés, sueño que tengo sexo a lo loco con una amiga mía. De esas mañanas que te levantas nerviosita…

Ya sabéis cómo va esto de los SEXSUEÑOS. El mismo día te la encuentras y parece que lo habéis hecho de verdad. Te entran unos calores, un pudor, un «Dios mío, ¡se me nota! Sabe que he sexsoñado con ella, ¡Lo sabe!»

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Cualquier psicólogo que se precie me dirá que los sueños no son más que una proyección de otra cosa. Afortunadamente, porque todos hemos tenido algún episodio traumático en fase REM donde nos acostábamos con algún familiar o persona inapropiada.

Yo, de momento, me quedo HETERO, no vaya a ser que lo pruebe, me guste y os empiece a hablar de POLIAMOR y demás moderneces.

 

 

2 Comments

  1. Lola, Lolita, Lola…que te pierdes con tus salidas nocturnas!!! Interesante tema. Yo me quedo con los hombres, pero odio las barbitas!!! Que malas son las modas….(el bigote llegará y lloraremos amargamente por las esquinas).
    La noctambula

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  2. Perderme? Y eso que no he contado lo peor… jajajaja
    A mí las barbitas me gusta depende de quién la lleve. Pero creo que hay tíos bastante mononeros que con una barbita se tornan en interesantes. Y, malas noticias, el bigote YA ha vuelto. Atenta a eso! Un besazo noctámbula

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