Dos palabras asesinas: Última conexión

El viernes pasado quedé a cenar con una amiga.

Después de un rato de qué tal tú y qué tal yo, llegamos al tema-tema.

Bueno… ¿Y sigues con ese chico?

– Sí, no sé. Más o menos.

– ¿Más o menos por qué?

– Es que no sé qué somos. ¿Te acuerdas de lo que te conté? ¿Que le pillé la cuenta de Tinder?

– Sí, pero bueno, eso no significa que quede con nadie. Tampoco lleváis mucho tiempo. A veces es por vanidad, por mantener la puerta abierta. Ya sabes cómo son los tíos con lo del compromiso…

– Vale, pero mira lo que me escribió ayer.

Abro aquí un paréntesis: El mundo messenger, whatsapp y sucedáneos han cambiado por completo el E.A.D.C.M.  Es decir, el Estudio y Análisis Detallado de Cualquier Comentario que solemos llevar a cabo entre nosotras, especialmente si lo envía ese hombre por el que suspiras por los rincones y escuchas en bucle a Pablo Alborán.

Porque antes de la democratización de estos inventos, tu amiga te contaba «Entonces va y me dice: quiero que seamos sólo amigos» y tú no tenías más información. Había que trabajar con esa pista aislada, posiblemente contaminada por tu único testigo.

Pero hoy, señores míos, gracias a esta viciosa tecnología, podemos regodearnos a gusto y analizar de lo lindo, porque no sólo tenemos la frase exacta y la conversación completa, también conocemos el contexto, el intervalo entre los mensajes, los emoticonos, puntos suspensivos y guiños de ojos varios.

Imaginad un mundo en el que nos guiñásemos el ojo tanto como lo hacemos por whats app. Sería todo un pelín ambiguo, ¿no? 

¿Estará ligando ese conmigo?

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Sigamos.

Mi amiga abre Whats app, porque para qué contarlo si puedes mostrarlo, pincha en el chat con Mister X y vemos que esta EN LÍNEA.

Mierda. ¡Está en línea!

Y ni dos ni tres, suelta el móvil en la mesa como si estuviera en llamas.

Porque cuando el chico que te gusta está conectado y tú también, tienes la extraña sensación de que te mira directamente a los ojos, puede verte. Es como una pillada ocular en medio de una sala repleta de gente.

En realidad, él está hablando en ese momento con otra persona (como si estuviera en otra habitación), así que no tiene ni la menor idea de que tú también estás ahí, con tu cómplice y dos gin tonics, haciéndole la autopsia a cuatro manos a vuestro chat del amor.

Mi amiga, me va haciendo un tour por la conversación en modo spoiler. Es decir, primero el último mensaje y luego retrocediendo para ver qué le dijo antes, qué contestó ella, con qué tono, lo que tardó él en contestar… Todo ello aderezado con comentarios del director:

Ves, ahí la cagué, porque con esta frase se nota muchísimo que me muero por él.

Durante la hora larga de lectura y disección, y muchos ¿Tú crees? No sé yo, observo por el rabillo del ojo que el tío en cuestión está EN LÍNEA todo el fucking tiempo.

Yo, por supuesto, ya me había interrogado varias veces al respecto. ¿Conectado desde las 00.17 hasta la 1.28? ¿En serio? ¿Con quién?

Ella, como si acabara de tener una revelación, de pronto levanta la mirada y dice:

Tía, ¡¡¿Pero con quién está hablando tanto tiempo y encima a estas horas?!!

Como soy su amiga, y en estos casos las amigas están para inventarse rollos chinos y paliar un poquito el dolor, niego la evidencia.

– A ver, no te vuelvas loca, puede estar hablando con cualquiera. ¿No tenía un chat con sus amigos? O con los del fútbol, vete a saber. ¿No son esos que siempre le están mandando chorradas?

– ¿Un viernes? ¿A la una de la madrugada? Encima se supone que se quedaba en casa para acostarse pronto. Está hablando con una tía seguro, me juego el cuello.

Si fuéramos un par de tíos, en vista de las circunstancias, habríamos encadenado siete gin tonics en cuarenta minutos y nos habríamos ido de marcha. Que le den, él se lo pierde. ¡Líate con otro!

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Pero no somos tíos. Nosotras hablamos, hablamos, hablamos más y cuando ya está todo hablado siempre sale un «Ya, pero en el fondo, ¿tú qué crees que siente él?»

Y así pasábamos de En línea, Última conexión 1.46, En línea, Última conexión 2.05, En línea, Última conexión 2.32…

Vamos, un calvario.

Hasta a mí, que ni lo conozco ni soy nada de este tío, me estaban entrando unos celos locos. Mi amiga estaba cada vez más desencajada y yo me quedaba sin argumentos que pudieran justificarlo.

Al fin, a las 2.46 ella y su sensatez apagaron el móvil.

Ya no lo miro más. Se acabó.

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Me fui a casa con el estómago encogido, pensando en que la información no es poder, no señor.

La información en estos tiempos de hiperconexión es una tortura insoportable, porque siempre es parcial. Sabes más de lo que deberías pero no lo suficiente. Sólo puedes especular y comerte el tarro, mucho, muchísimo.

Y no, no debes/puedes enganchar al tío y preguntarle con quién estuvo tres horas chateando de madrugada. Eso te convertiría en una acosadora-psicópata-loca cuando, en realidad, no tienes nada, nothing, niente.

Con esto no podemos presentar cargos. NO HAY CASO, CHICA.

 

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