Queridos Reyes, si de verdad sois Magos…

Ayer conseguí que mi hija me enseñara su carta a los Reyes Magos antes de mandarla. Cual piedra Rosetta de los juguetes, había copiado la integralidad del catálogo de Toysrus con la letra muy junta, sin puntos ni comas.

Pero ahí no queda todo. Lo que pedía eran absurdos gadgets inservibles: perro que ladra, gato que maúlla tu nombre, Nenuco que sabe decir hola en chino y cinco idiomas más, fábrica de mini tatuajes de purpurina… En fin, un compendio de engendros del marketing más consumista, eso sí, con mucho brilli-brilli fucsia, no vaya a ser que no se sepa que es para niñas.

En estas, me mira con sus ojos de comic manga y suelta: «Ahora te toca hacer la tuya, mamá».

Con el folio blanco desafiándome, me puse a pensar qué pediría a los Reyes si fueran magos de verdad. Si básicamente no fueran… YO. 

No pediría artículos comprables, eso seguro. Y no estoy hablando de SALUD Y AMOR, porque afortunamente (toquemos madera, crucemos los dedos, santigüémonos tres veces) este año voy sobrada de eso.

Tampoco hablo de deseos altruistas: la paz definitiva, el fin del hambre en el mundo, la solución al calentamiento global…

No. Pensando sólo en mí. Imaginando productos completamente prescindibles y chorras como los de mi hija. Egoístamente. Frívolamente. Como una niña de seis años, vamos.

Esto es lo que YO QUIERO:

1. UNAS TETAS DE QUITA Y PON

No me malinterpretéis. Estoy bastante satisfecha con las mías. Parecen diseñadas por Apple: pequeñas, compactas, simétricas, monas.

Pero hay situaciones (sí, algunas de alto contenido sexual) en las que me gustaría tener un buen par. Desnuda, por ejemplo, pero también en bikini o con un vestido de mujer fatal, de esos con licencia para enseñar.

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Sin embargo, como tengo entendido que para el día a día no es nada cómodo un pecho generoso, lo ideal sería poder usarlo a voluntad y guardarlo después en un estuche super «cuqui» junto a mis sujetadores.

2. UN GUIONISTA FORMATO PEPITO GRILLO

¡Anda que no! Llevo años pensándolo.

Conversaciones con alguien que te apasiona, te motiva o que, al contrario, te cae como una fabada en el desayuno y tú ahí, soltando exabruptos. Por supuesto, rematados siempre con una risita boba, por si había dudas de lo merluza que eres.

Al ratito se te ocurre LA FRASE. La ves en neón. La ves en Times Square. Es ocurrente, inteligente, aguda y sobre todo, está obsoleta.

No puedes rebobinar, borrar con goma lo que has dicho y soltar la buena. Has estado lenta de reflejos. Sorry, ya no hay nada que hacer.

Imagina si tuvieras un guionista de bolsillo soplándote las réplicas en el momento preciso. Frases románticas, provocadoras, irónicas o despechadas. Frases como dardos al corazón. Frases de película.

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3. UNA B.S.O. COJONUDA

En la misma línea de lo anterior, nuestras- casi siempre- anodinas vidas serían muchísimo más interesantes si sonara una buena banda sonora de fondo. ¿O no?

Oigo un estruendo, recorro sigilosamente el pasillo, llego a la cocina. No hay nadie, sólo un cajón abierto. Es el de los cuchillos….

De pronto, se enciende la televisión en el salón.

Imagina esto con música. Con la de El Resplandor cuando el niño va en triciclo por el hotel.

¡Dios mío! ¡Qué suspense!

Es mi marido. Se ha preparado un sandwich para ver el partido.

¿Veis? El contenido es lo de menos.

Quiero música sin parar. Música cuando me besen. Música cuando vaya de compras, como Pretty Woman, y de paso la tarjeta de crédito de Richard Gere. Vamos, quiero que mi vida sea un videoclip de los ochenta y vivir dentro de MTV.

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4. COMER Y NO ENGORDAR

Vale, es un clásico. Como ese niño (sí, Marcos, tú) que todos los años pide un perro a los Reyes y nunca se lo traen.

Situación más que habitual. Corrillo de mujeres hablando de esos kilos que, como un hijo de treinta en paro, no te abandonan ni pa’atrás. Y siempre hay una desgraciada con cero empatía que comenta: «Pues yo como lo que quiero y no engordo ni un gramo. Estoy hasta preocupada…»

Voy a aprovechar este espacio gratuito para sincerarme. A todas esas mujeres que sueltan esa frasecita, como mi dogma de no-violencia me impide soltarles un guantazo a mano abierta, les deseo una muerte por empacho. Eso sí, entradas en la vejez, que tampoco soy un monstruo.

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Entendedme. Que no es porque no engorden, es porque ESO NO SE DICE. Si has nacido con ese trébol pegado a tu delgado culo, cállatelo y punto. No vengas aquí a restregárnoslo por la cara.

Si los Reyes me concedieran este deseo no diría ni mú. Eso seguro.

5. UN GOSLING O SIMILAR 

Y si por pedir fuese, por qué no el Ryan Gosling de de la foto para mí solita, que diga mi nombre y hola en cinco idiomas, como el Nenuco de mi hija.

Eso sí, plegable, que aquí ya somos muchos y tengo el armario a reventar.

Aunque, a lo mejor, a mi marido no le hace tanta gracia, decide pedirle a los Reyes una «Halle Berry» y el año que viene estoy rogando que me traigan AMOR con gran A en vez de tanta chorrada.

 

Es una pena que los Reyes no existan de verdad porque estaba escribiendo mis deseos y oye, lo estaba visualizando. Seis de enero por la mañana, en pijama de cuadros y abriendo ese precioso paquete con mis tetas nuevas:

«¡Justo las que pedí! ¡Y del color y tamaño que quería!»

 

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