Si vamos a mentir, mintamos bien

Llevo todas las navidades mintiendo como una bellaca. Sin parar, sin pudor, sin una pizca de culpabilidad. Pero mintiendo mal, muy mal.

Y que quede claro que no tengo nada en contra de la mentira. Al contrario. Soy de la opinión de que la sinceridad está sobrevalorada. Practico la mentira piadosa pero también la mentira por deporte, para hacer mi vida más interesante o porque no me apetece dar explicaciones.

Por eso, como experta en la falacia puedo afirmar que la GRAN MENTIRA DE LOS REGALOS, PAPÁ NOEL VERSUS REYES MAGOS, se nos ha ido de las manos.

Padres, madres, si vamos a mentir, mintamos bien. Pongámonos de acuerdo. Contemos lo mismo, sin fisuras. Hagamos un pacto de estado por la Mentira Navideña.

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Imagino que ya intuís a dónde quiero ir a parar.

ERROR NÚMERO 1: MISMO TRABAJO, VARIOS EMPLEADOS

Cuando era tan pequeña como en la foto (la de cara de ciervo deslumbrado por los faros soy yo) a mi casa sólo venían los Reyes Magos.

Papá Noel se dejaba ver exclusivamente por el norte porque allí nevaba mucho y aquí no. Era obviamente un clima mucho más apto para los renos. PUNTO.

Ahora, entre padres, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿Y a vuestra casa quién viene? Como si fuera una cenita entre amigos. Pues mira, viene Santa Claus con Rudolph que por fin han salido del armario y los Reyes traen unas cosas un pelín raras que suenan veganas. Menos mal que los abuelos vendrán con algo.

Como además mis criaturitas van a un cole francés laico, las tradiciones cristianas no se mencionan. Sólo les hablan del Papá Noel rojo Coca-cola, su chimenea y sus regalitos y, claro, me toca a mí pincharles el globo.

Les explico: lo siento niños pero Papá Noel a nuestra casa no viene. ¿Por qué? Porque no, porque me gustan más los Reyes. ¿Véis como la sinceridad está sobrevalorada?

Estoy sin excusas. El argumento norte-sur ya no se sostiene, por la casa de sus amigos sí pasa Santa Claus. Empiezan las fisuras…

Para colmo, mi hijo tiene sospechas más que fundadas de que los Reyes Magos están gagás.

Mamá, los Reyes se hacen un poco de lío ¿no? ¿Es porque son viejos?

– ¿Por qué dices eso?

– Porque dejan regalos en casa pero se les olvidan algunos con nuestro nombre y los van poniendo en casa de los abuelos y de los tíos. ¿No es más fácil dejarlos todos en nuestra casa?

Efectivamente. No tiene ningún sentido. Aquí hay que hacer una prejubilación pero ya. Sobran regaladores, eso es así.

ERROR NÚMERO 2: LOS IMITADORES

¿Cuántos Papás Noeles esmirriados con barba postiza a medio caer, Baltasares que destiñen y demás impostores os habéis cruzado estas Navidades?

Por no hablar del problema cronológico. Se supone que hasta la noche del cinco, en el caso de los monarcas, no pondrán los pies en España. Así que los niños, ni un pelo de tontos, preguntan con razón quiénes son esos y si son los de verdad.

Rogaría pues a Mediamarkt, Cortes Ingleses varios y demás centros comerciales que dejasen de poner a copycats en sus entradas. Aparte de lo raro que es, en los tiempos que corren, ver miles de culitos infantiles haciendo cola para sentarse encima de un hombre desconocido de edad avanzada con un disfraz que jamás ha visto el agua.

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ERROR NÚMERO 3: TRANSPORTE Y ALLANAMIENTO DE MORADA

Pero ¿vienen de verdad en camello? Y ¿Oriente dónde está exactamente? ¿Van a cruzar Siria, con la guerra y todo…?

Vale, mi hijo es un poquito rarito y un muchito preguntón, pero no le falta razón. ¿De verdad esperamos que a partir de los cinco años un niño un poquito despierto, que pasa cuatro horas en coche para llegar al mar, no se cuestione lo del transporte en trineo-reno-camello?

Pero ¿cómo lo hacen?

-Volando, hijo, volando.

Volar es la respuesta para todo lo que no se puede explicar con la física.

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Y así, mintiendo descaradamente, me he tirado un mes largo inventándome historias sobre la marcha que respondieran a sus preguntas. Por ejemplo, para desentrañar el tema logístico de reparto de regalos. Ni Amazon logra tantos envíos en una noche…

Pero esto no acaba aquí. Que levanten la mano los que no tengan chimenea o conducto amplio por el que puedan entrar Santa Claus con su saco XXXXXXL, los tres Reyes Magos más sus sedientos camellos o Alí Babá y los cuarenta ladrones, ya puestos.

Como tu hijo sea un poco miedoso te vas a tirar todo el año dando explicaciones de por qué unos señores con barbas y disfraces sí pueden entrar en tu casa pero un malo malísimo no.

ERROR NÚMERO 4: LAS AMENAZAS

«Si sigues portándote mal los Reyes sólo te van a traer carbón. Ellos lo ven toooooodo».

A partir de noviembre, se abre la veda de las amenazas pre-regalos y después del seis de enero, las de confiscación de juguetes. Pobres niños. Cómo le quitamos la gracia al asunto. Les inyectamos sin medida unas buenas dosis de culpabilidad, haciéndoles sufrir por lo que aún no tienen y después, por lo que han recibido pero por lo visto no se merecen. Vamos, una alegría.

Que yo ya no sé si mis hijos quieren que vengan los Reyes o los temen. Porque francamente, unos señores de Oriente Medio que todo lo ven y todo lo saben… ¿Seguro que no son del ISIS?

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ERROR NÚMERO 5: LOS INFORMADORES

Por si la mentira no era fácil de mantener de por sí, te tienes que enfrentar a los pregones diarios del listillo del cole. Ése que grita la verdad sin paños calientes a quién quiera oírla: Que los Reyes no existen, que son los padres, me lo ha dicho mi hermano mayor.

Un cabrón de hermano mayor decidido a dinamitar cientos de ilusiones sólo porque su hermanito de siete años le ha quitado el mando de la tele. Debería estar tipificado en crímenes contra la Humanidad.

 

Aunque es entonces cuando la magia, la verdadera magia empieza. Cuando tu primogénito sabe LA VERDAD pero durante un tiempo no te dice nada. No lo hace por ti, no. Ni por sus hermanos. Lo hace porque cree que si confiesa se va a quedar sin regalos.

Ahí descubres que tu hijo está preparado para este mundo cruel. Ya sabe mentir.

 

 

 

2 Comments

  1. Nosotros el año pasado tuvimos que dejar una nota a los reyes magos en la puerta de casa pidiendo que nos dejaran para última hora, ya por la mañana, porque a Fernando le daba horror que pudieran entrar en casa por la noche con todos dormidos, y yo me entiendo!

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