Cuidadito con el hombre que te comes

Y llegó la carta de los postres. Miré a mi amiga. Puf, estoy llenísima. ¿Quieres algo?

Entonces lo vi. Estaba ahí, desafiándome. Tercera línea: Fondant de chocolate.

Siempre me pasa lo mismo. Lo deseo con todas mis fuerzas, no puedo evitarlo. Cierro los ojos, puedo sentirlo en el paladar. La boca entera se me hace agua. Fantaseo con meter hasta el fondo la cucharita y ver cómo se desliza lentamente el chocolate líquido, caliente.

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A veces, muchas, sucumbo a la tentación.

Las siguientes horas me quiero morir. Metida en mi cama, mirando al techo y empapada en sudor frío, juro: «Nunca máis».

También tengo días de sensatez, claro. Sobre todo cuando el recuerdo del dolor está aún muy presente.

Ayer no era uno de esos días.

Llegó el plato. Me subió un escalofrío por la espalda, sabía lo que iba a pasar. Anticipé el placer, recordé el dolor…

Elegí el placer.

Ahí sentada, frente a mi destructivo objeto de deseo, escuchaba a mi amiga hablar por enésima vez de ese tío que la tiene en un sinvivir. Cada vez que lo ve se le caen las bragas al suelo, literalmente. Sin remedio. Aunque sepa con certeza que pasará semanas llorando por las esquinas.

Y claramente, a punto de entregarme al fondant, quién era yo para darle ningún consejo.

ÉL ERA SU HOMBRE FONDANT. 

hombre-fondant

El paralelismo estaba tan claro que me golpeó como un meteorito.

Yo también tengo alguno en mi haber. Son tu kryptonita. Sabes que te sientan como un tiro, durante días te dejan el estómago hecho trizas, débil y hundida. Juras y perjuras que has aprendido la lección. Hasta que aparece de nuevo frente a ti.

Así que iluminada por la metáfora, le dije:

Amiga, búscate a un HOMBRE PASTA.

¡¡¿¿¿Un hombre con pasta???!! Dijo.

No, bruta. Un hombre como la pasta: siempre sienta bien, combina con todo y no te cansas de ella (al menos yo). Puede que no sea tan excitante como un fondant pero también puede ilusionarte a diario y no te destroza por dentro.

pasta

A lo mejor echas un poco de culo con tanta pasta, pero las buenas relaciones engordan, es lo que tienen.

Reconocerás al hombre pasta porque es buen tío, amigo de sus amigos, no se anda con jueguecitos a lo Houdini (ahora me ves, ahora ya no) y no suele ser un ligón profesional.

En esta línea, me contestó con gran sabiduría: «el problema es que a veces es difícil diferenciar al HOMBRE PASTA del HOMBRE PLATO DEL DÍA».

HOMBRE PLATO DEL DÍA:

Dícese de ese tío con el que te quedas pero que no has elegido. Aparece en el momento idóneo en el sitio oportuno, tienes hambre y no hay nada más a la vista.

Sí. Visualízalo: Hoy, martes, tenemos judías verdes, de segundo pollo con ensalada y de postre arroz con leche. ¡Ay, madre! Esos arroces con leche de menú que podrían alicatar cual gotelé miles de hogares de lo compactos que están.

Imagina ahora todos los días de tu vida comiendo judías rancias, pollo seco y gotelé. Pues eso.

Sin un ápice de emoción, sin pasión de ningún tipo, sin tener nada en común, te enganchas al hombre-menú y se queda ahí más tiempo del necesario.

Normalmente, cuando al fin lo dejamos, solemos caer en EL HOMBRE HAMBURGUESA. Atención, no una buena hamburguesa con carne de Ávila y demás atrezzo. Una chunga. Del Burger.

A las gentes que trabajan Tinder seguro que les pasa a diario. Ves la superapetecible foto, avistas en su perfil frases cursilonas aunque prometedoras como: Los días de lluvia disfruto yendo a los cines Verdi.

Cuando al fin lo tienes entre tus manos, un vistazo relámpago, una breve conversación te bastan de sobra para comprender que todo era ficción. Ni tomate natural, ni bacon crujiente, ni nada. Como el Whopper, vamos.

Mejor no fijarse mucho en sus claros defectos y engullirla sin más. Hombre de transición. Fast pleasure.

hamburger

HOMBRE ACELGA:

No es el plato del día porque a éste sí lo has seleccionado conscientemente. Escarmentada por un Hombre Fondant, buscas la antítesis. Algo bueno para ti, serio, de fiar, sin sobresaltos.

Sin embargo, el aburrimiento y la sosez intensa no tardan en aparecer, echándote en los brazos de otro Fondant a la mínima que aparece. Es como estar a régimen, la tentación se multiplica por tres mil. Hay que tener una fuerza de voluntad hercúlea para pasar hambre y lograr resistirse ante un fondant.

acelga

Dicho esto, qué gracia tendría la vida sin FONDANTS destrozatripas, HAMBURGUESAS fraudulentas e incluso sin ACELGAS sosas. Y lo bonito del asunto es que tu HOMBRE PLATO DEL DÍA seguramente es el FONDANT de alguien.

Pero, consejito de quien no puede dar ninguno, busca al HOMBRE PASTA. Y si ya lo tienes, no suspires por un fondant, que nos conocemos…

Recuerda el dolor.

oprah-right

 

 

 

 

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