El «efecto tarima»

Amigos, me estoy convirtiendo en una vieja verde y no he llegado ni a los cuarenta.

¿Qué me pasa con los profesores, médicos y, no te digo ya policías y bomberos, que me quedo atontada y soltando risitas bobas en su presencia?

¿Será la bata? ¿Será el uniforme? ¿Será el poder para salvarme, enseñarme, castigarme? ¿Qué será, será…?

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Si juntásemos a todos en una fantasía, parecería un videoclip de The Village People.

A ver, no me pongáis esa cara de Déjà-vu.

Ya sé que esta historia es más antigua que «Saber y Ganar». No hay más que llamar a un stripper común para que te aparezca uniformado, eso sí, con una versión cutre tipo mono azul de garajista y con más velcro que los zapatos de mis hijos.

De hecho, es una fantasía tan de masas, tan de mujer de mediana edad, que la podrían vender en la teletienda con un juego de cuchillos de regalo. Vamos, que si no te ponen los uniformados, la rarita eres tú.

Sin embargo, yo no he querido aceptar sin más semejante cliché.

He decidido profundizar en este tema tan transcendente y hacer un poco de investigación rigurosa. Quería dilucidar si efectivamente era el puesto/uniforme lo que nos ponía tontorronas o el hombre en cuestión.
Mi análisis empezó, sin más dilaciones, ayer mismo. Al salir del cole de los niños me crucé con los policías que veo en el parking todos los días.

Pensé para mis adentros: CÉNTRATE MUJER, sé objetiva, tú puedes, YES YOU CAN. Los miré uno a uno, a la cara, poniendo incluso la mano en modo «aparta de mí ese cáliz» para que no me cegara el uniforme.

Lo que me temía. Como mucho, pasables. Pero vamos, sin el atrezzo policial, de media no llegaban ni a un seis pelado. En grupo y de azul marino, se produce una sensación muy similar al llamado EFECTO CHEERLEADER de Barney Stinson (Cómo conocí a vuestra madre).

 

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¿Pero qué pasa cuando no hay uniforme de por medio, pero hay tarima o poder?

Yo, a los deciséis años, moría de amor por mi profesor de filosofía. No sé si fueron las hormonas pero levantarme la líbido hablando de Kant y su ética trascendental tiene mucho mérito.

Cuando volví a verlo en un cine, diez años después, no sólo me pareció feúcho sino completamente banal. Es decir, un Efecto Tarima de manual.

Como la cosa va de caída de bragas incontrolables, hablemos un poco del EFECTO TRUDEAU, tan en boga estos días. 

Para los que no estáis puestos en artículos absurdos como yo, aclarar que no está relacionado con el calentamiento global, no. Sólo con el calentamiento global femenino.

Justin Trudeau es el primer ministro canadiense. Un nuevo Justin caído del cielo para alegrar los periódicos y levantar pasiones en el nicho de edad que no logra cubrir Justin Bieber.

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Lo tiene todo: es atractivo, unos ojos como dos mares, una sonrisa capaz de bajar diez grados el frío inviernal de Montreal y, por supuesto, PODER, incluso para hacer un mundo mejor.

Además, se ha abanderado como el político idílico, justo, defensor de los débiles, con una gran representación femenina entre sus filas y dispuesto a acoger en Canadá a todos los deportados por el Señor Trump.

A juzgar por su cara, Ivanka está pensando seriamente en pedirle a su papi que la deporte a ella también. Eso sí, en el Air Force One…

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Es el chico de oro de la política mundial. No hay duda. Y en las distancias cortas debe ser aún mejor, viendo las miradas de gacela en celo de todas ellas, incluida la mismísima Merkel.

¿Cómo es que se ha hablado tanto de la cobra Chenoa-Bisbal y nada de la de Trudeau-Merkel?

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Pero echemos un vistazo al Trudeau Pre-Primer Ministro MOST WANTED:

JUSTIN TRUDEAU SOPHIE GREGOIRE

Esos rizos, ese traje, en fin, sin comentarios. Ya no parece tan irresistible, no vemos por ningún lado al McDreammy rollo Derek Sepherd de las fotos anteriores.

Obviamente el material estaba ahí, esperando como un diamante en bruto. ¡Pero lo que hace un buen corte de pelo, un blanqueamiento dental y un estilista decente! Qué se lo digan a Cristiano Ronaldo…

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Lo que tengo claro es que hombres atractivos hay muchos pero el uniforme, el rango, la tarima, la autoridad les confiere ese halo seductor causante de tantos suspiros y miradas aleladas.

Es la ERÓTICA DEL PODER.

Un Perfume for Men que ni Dior, ni Hugo Boss, ni Channel han logrado todavía enfrascar. Tiempo al tiempo. A lo mejor las próximas Navidades nos sorprenden con un EAU DE TRUDEAU.

Kate, tranquila. Serás la primera en poder rociar a conciencia a William.

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