Lo siento, no hablo HOMBREÑOL

Me estoy planteando seriamente contestar esto la próxima vez que se me acerque un tío.

He tardado en asumir esta evidencia 38 años, pero ya lo tengo claro: hombres y mujeres no hablamos el mismo idioma. DIXI.

Es más, deberían prohibirnos dialogar sin un intérprete o traductor presente. Porque yo hablando en sueco, tú en arameo y haciendo como que nos entendemos no ha dado muy buen resultado que digamos.

A ver, tú mismo, traduce para los tíos que me leen: Hombres del mundo que pensáis que encarnáis la simpleza y la obviedad, PUES NO. Sabedlo, no hay Dios que os entienda.

Y eso que yo tengo un hombreparlante en casa y lo practico a diario. Pero el “hombreñol” es como el alemán, hacen falta décadas para dominarlo. Empiezo a descifrar mensajes simples, alguna oración compuesta, eso sí, pero aún estoy lejos del bilingüismo necesario para captar todos los matices.

Incautas de nosotras, solemos pensar que chapurreamos el HOMBREÑOL y cuando una amiga nos cuenta su problemática con un tío, frases textuales de por medio, nos creemos con sobrada capacidad para asesorarla. ERROR. Es el clásico NIVEL ALTO DE INGLÉS en tu C.V. cuando no pasas del JJJJELLO, JJJJOW ARE YOU?

Si pensáis que esto es una exageración, respondedme: ¿Cómo es que internet está infestado de webs de autoayuda escritas por “gurús” llamados Micke dispuestos (previo pago) a revelar las claves del comportamiento masculino a las féminas del mundo?

Para colmo, si ya estábamos más perdidas que Wally en un partido del Atleti, recientemente han surgido varios dialectos del HOMBREÑOL complicando la ardua tarea de entenderse. Veamos algunos de ellos:

EL SEX-K-ERA

(Se les ha olvidado que el sexo mola…)

Por fin, tras siglos haciéndonos las recatadas, nos soltamos la melena… y la lengua. Así, pensando que vas sobre seguro, se te ocurre hacerle al chaval una proposición indecente digna del Marqués de Sade y te contesta con un “no séno me apetece“. ZASCA en toda la boca. Una sensación sólo comparable a que no se te abra el paracaídas en plena caída libre.

hombre rechazando mujer

No es un caso aislado, no. Ha llegado a mis oídos que una hay nueva mutación de hombre al que no le interesa demasiado el SEXO. En todo caso a distancia planetaria de un Madrid-Barça o unas copas con sus amigos. 

El problema radica en que a las mujeres de mi generación (y anteriores) nos contaron que los hombres pierden tanto el culo por el fornicio como yo por el chocolate cuando estoy premenstrual. Nos decían: si un maromo ve una atractiva “ventana abierta”, lo dejará todo. TODO. Subirá por la tubería de la fachada si es necesario y… entrará.

FALSO.

No sé si ha sido la liberación sexual femenina, Tinder o el depilarse más que nosotras, pero los jovenzuelos- y esos que se creen que aún lo son- parecen últimamente pasar del TEMA/TEMA.

Demasiado sexo fácil mata el sexo, digo yo.

EL EGOLATRÁN

(Lo reconocerás porque todas sus frases empiezan por YO)

Idioma hablado por ese tipo que no quiere yo-mi-me-contigo pero te hace creer que sí. ¿Con qué fin? Pensarás tú. Pues por purito EGO.

Se resume más o menos así: te quiero aquí a mi vera, nena, para sentirme yo muy hombre, muy guapo, muy listo, muy irresistible pero que sepas que jamás de los jamases pasará nada entre nosotros. Eso ya lo hago con otras.

Pero no te lo digo, claro, porque entonces abrirías las alas y te irías a buscar a un palomo que sí te caliente el nido, no como yo.

Por eso, cuando noto que ya no piensas tanto en mí, vuelvo a tirar piedrecitas a tu ventana, frasecitas ambiguas, ya sabes, no vaya a ser que te olvides de lo muy hombre, muy guapo, muy listo y muy irresistible que soy.

Cuando al fin abres de nuevo la ventanita, no subo. ¡No, mujer! Si sólo quería asegurarme de que seguirá abierta para mí.

Si queréis más bibliografía sobre este apasionante ser, os recomiendo el post de la genial Sol Aguirre: Deja de marearme chaval

EL PASODETI-GUÉS 

(Como un galleguiño, si lo encuentras en una escalera no sabrás si sube o baja)

Veamos un ejemplo: Esa noche los astros están alineados. Tú, una tía estupenda donde las haya te topas con un tipo interesante, divertido, monillo y… soltero (vamos, una especie en extinción). Le gustas. Se le nota, puede que hasta te lo diga. BIEN. Coqueteáis un largo rato y tras unos besos capaces de desabrochar sujetadores sin manos, te pide tú número. ¡BINGO!

Y luego… CRI CRI CRI.

El silencio. Fujitsu.

Pasan semanas y no hay noticias. Cada vez que suena el Whatsapp te hace falta un pinchazo de epinefrina en la pierna. Entras en boucle. Obsesiva como casi todas, te comes la cabeza como si no tuvieras nada en la nevera que llevarte a la boca.

Cuando al fin olvidas el perturbador incidente: “Hola! Estoy en el bar donde nos conocimos. Y tú?” 2.35 de la noche.

Pero a ver, chaval, “Are you talkin to me?” ¿Qué pasa? ¿Quieres tema? Has decidido echar un vistazo a tu chorbi-agenda y claro, mi nombre empieza por la A… Dos más dos.

El problema es que tú también quieres tema. Eso y que aún estás elaborando tu tesis docto-mental de por qué no te ha mensajeado/barra/llamado antes. Necesitas saberlo. Quién mató a Laura Palmer es un misterio para aficionados al lado de esto.

Si me lee algún tío pensará: es porque no le gustaba lo suficiente, PUNTO.

Ajá. Puede ser, no lo dudo. Pero me sé de alguno que hizo esto mismo y luego afirma que no era falta de interés sino inseguridad.

Sin tener yo una dilatada experiencia con los hombres, lo que sí he podido observar es que los razonamientos masculinos rara vez funcionan según el principio de la navaja de Ockham: en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la más probable.

Desde aquí lanzo pues una petición a los Señores Académicos de la RAE. Ya que de los 43 miembros sólo 8 son mujeres, podrían ustedes sacar un DICCIONARIO BÁSICO DEL HOMBREÑOL con frases en sus contextos, por supuesto. Con lo poco que hablan los tíos, no creo que les lleve mucho tiempo.

Y sí, entenderemos que TETAS aparezca en múltiples acepciones.

 

 

 

 

 

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